[EDITORIAL]
Barbarie y tolerancia
El caso del pastor de una insignificante congregación de Florida que amenazó quemar copias del Corán en respuesta por la construcción de una mezquita en la «Zona cero» causó revuelo mundial. Maravillas de estos tiempos de información e histerias al instante. Por encima del hecho en sí, la discusión vuelve a plantear el debate en torno a la compleja interacción entre lo que podríamos llamar groseramente la «cultura islámica» y el «mundo occidental», cada vez más interconectados por los medios de comunicación y las corrientes migratorias.
Y el debate llega hasta nuestras costas, como revela un artículo publicado días tras por el semanario Brecha, donde dos antropólogos, se ceban con el profesor Daniel Vidart por haberse atrevido a cuestionar algunos aspectos del mundo islámico ante la posible lapidación de una joven iraní acusada de adulterio. Allí se sostiene incluso que el concepto de multiculturalismo es «una forma de racismo negada», se la compara con la contradicción entre civilización y barbarie que en nuestra región hizo tristemente célebre Faustino Sarmiento, y en una muestra de escasa originalidad se centra en el desafío cultural que vive la sociedad global del siglo XXI en cuestiones materialistas, con abundante mención al pérfido capitalismo, la desigualdad, y toda la palabrería del más trillado arsenal de la «vanguardia» políticamente correcta de hoy.
Pero la cuestión candente es que la llegada masiva de inmigrantes musulmanes a «occidente», especialmente a Europa, que pretenden replicar allí sus prácticas y costumbres, presenta desafíos innegables. Y no son sólo aspectos discutibles como el uso del velo, tal cual se debate hoy en Francia. Por ejemplo, entre las «costumbres encantadoras» que estos grupos están introduciendo en Europa se encuentra la ablación. Consiste en que cuando una niña llega a los 10 años, sus familiares se reúnen, y tras atarla a la cama y colocarle unas tablillas sobre cuyas aristas sobresalga el clítoris, arrastran un vidrio o un cuchillo sobre las tablillas hasta que arrancan de cuajo el órgano femenino. Desde Gran Bretaña a España, médicos vienen denunciando la introducción de esta práctica que hasta el más abierto de los intelectuales debería calificar como salvajada anacrónica.
El tema de fondo es que mientras en occidente se hace el esfuerzo por comprender las prácticas islámicas, del otro lado la tolerancia es inexistente. Basta con ver que mientras el ignoto pastor floridense fue repudiado por el planeta entero, las voces en el mundo islámico en defensa de la mujer a punto de ser lapidada fueron anémicas por decir lo menos. Y que el detonante para el «quemador de coranes» fue la construcción de una mezquita en la zona cero de Manhattan. ¿Alguien se imagina qué sucedería si se pretendiera erigir hoy una iglesia católica en La Meca? ¿Hubo tolerancia con Salman Rushdie o los caricaturistas daneses que dibujaron a Mahoma?
Resuenan entonces las preguntas que se hacía ya hace años la periodista italiana Oriana Fallaci cuando sostenía que «si dices lo que piensas sobre el Vaticano, sobre la Iglesia Católica, no te pasa nada. Pero si haces lo mismo con el islam o con el Corán, te conviertes en racista y en xenófobo». «¿Qué sentido tiene respetar a quien no nos respeta? ¿Qué sentido tiene defender su cultura cuando ellos desprecian la nuestra? Yo quiero defender nuestra cultura. Se abrieron los cielos. Me crucificaron. `¡Racista, racista!` Fueron los propios progresistas (que en aquella época se llamaban comunistas) los que me crucificaron». Para concluir que «El mundo es bello porque es variado. Pero si me pretenden imponer todas esas cosas a mí, en mi casa…».
Llega un punto en que uno debe hacerse algunas preguntas incómodas, ¿se puede ser tolerante y comprensivo con quien sostiene que es legítimo condenar a muerte a alguien por ser homosexual? ¿O con quien desde lugares que han sido faros de la cultura occidental como Florencia o París defienden la lapidación como sanción por el adulterio? ¿En qué punto esa comprensión y tolerancia pasan a convertirse en complicidad?
Barbarie y tolerancia
16/Sep/2010